Córdoba, España: El Collar De La Paloma

Córdoba, España: El Collar De La Paloma

Enrique Canas Lau headshotQuien aterrice en España por primera vez, debe tener Córdoba, España su lista de ciudades a visitar. No es porque sea la ciudad de mis padres, que también, sino porque quizás sea una ciudad eclipsada por la majestuosa Mezquita de época califal que ensombrece todo lo que ofrece la urbe nacida a orillas del Guadalquivir.

Presentado Córdoba, España

Huellas de un pasado milenario

Fundación romana, a orillas de un río que en su tiempo fue navegable hasta su puerto fluvial, y al pie de una serranía, conoció su época de máximo esplendor durante la dinastía Omeya que convirtió a Córdoba en una de las ciudades más importantes del mundo. Su apogeo coincidió con el brillante desarrollo de las ciencias, la filosofía y la literatura en un periodo relativamente corto que se vio truncado por las guerras internas, que derrumbaron el califato. De esos tiempos quedan numerosos vestigios dispersos por la ciudad, y fuera de ella, como atestiguan los restos de Medina Azahara, la que fue ciudad palaciega hecha construir por Abderramán III.

Sin embargo, pese al paso de los siglos, la Córdoba moderna conserva el encanto de aquel pasado lejano. Pasear por las estrechas callejuelas de su Judería, una noche de primavera, embriagados por el perfume del azahar, los jazmines y las damas de noche, es una de las experiencias más cercanas al sueño romántico de cualquier viajero que quiera sentir las bellezas y placeres de un pasado árabe que revive en Córdoba. Las flores, las paredes encaladas, los faroles, las rejas que dejan entrever los exuberantes patios, el sonido de las fuentes. Pasear por Córdoba es una experiencia inigualable.

La joya musulmana

Como si fuera el sol de una galaxia alrededor de la cual gravita el resto de la urbe, la Mezquita atrae la atención y la admiración de todos. Una vieja iglesia cristiana adquirida para convertirla en gran mezquita aljama, la que se dedica a la oración del viernes, de colosales dimensiones. Ampliada en diferentes periodos, su gran sala combina columnas romanas y visigodas reaprovechadas con las características arquerías bicolores (blanquirrojas) y columnas de fábrica árabe. La magnificencia de su macsura (espacio reservado al príncipe o al imán) y su mihrab (el nicho central al que se dirigen los orantes) contrasta con el sobrio bosque de columnas de época de Almanzor, que crea una sensación de laberinto infinito en el que perderse.

Y como metáfora de cómo la historia marca el territorio y a quienes lo habitan, la catedral barroca cristiana en pleno centro de la misma mezquita.  Por fortuna, en plena fiebre de demolición del legado hispanomusulmán, el emperador Carlos V comprendió que no era deseable destruir aquello que era único e irrepetible. Y gracias a ello, y pese a múltiples agresiones sufridas a lo largo de los siglos, conservamos joyas como la Alhambra de Granada, los Reales Alcázares de Sevilla y la Gran Mezquita de Córdoba.

Un jardín de piedra y aromas

Córdoba sin embargo no se acaba en la visita a la Mezquita. Sus patios, que en mayo se engalanan y abren sus puertas para deleite de los propios cordobeses y los visitantes; sus callejuelas llenas de flores y de ecos de agua; sus plazas y plazuelas, como la del Potro, con su castiza posada y el Museo Julio Romero de Torres, uno de los cordobeses más ilustres; la Plaza del Museo Arqueológico, con su fachada barroca, que en su interior alberga restos del teatro romano; la espléndida Plaza de la Corredera, con sus tiendas de artesanía y sus terrazas, llena de vida; el Puente Romano, que comunica el casco histórico con la torre de la Calahorra y las barriadas populares en la otra margen del Guadalquivir. Sus barrios, sembrados de naranjos y limoneros, que perfuman las calles en las calurosas noches primaverales, donde la vida transcurre a un ritmo pausado que en la gran ciudad sería impensable.

Córdoba es una ciudad para perderse, para entregarse al dédalo de sus calles y callejas. A menudo, el paseante escucha el sonido de una guitarra flamenca que surge de un ventanal abierto, de una radio encendida o de un músico en ciernes. Se asoma a una iglesia, donde descansan en su interior los pasos procesionales que se pasearán por sus calles durante la Semana Santa. O de repente se topa con las extraordinarias columnas del Templo Romano o con el Palacio de Viana y sus espléndidos y floridos patios.

Templo Romano
Templo Romano

Cuando los sabores encantan

Y cuando el visitante entra en uno de sus bares o tabernas, donde los cordobeses se reúnen frente a la barra o en torno a una mesa para degustar los platos y los vinos tradicionales, entiende que el bar es un lugar de encuentro y de comunicación: Casa Pepe de la Judería, El Churrasco, Casa Rubio, Casa Salinas, Bodegas Guzmán, y la Sociedad de Plateros son algunos de los establecimientos donde se puede disfrutar de la gastronomía cordobesa y de una atmósfera particular. Los desayunos con los molletes de pan blanco con tomate y aceite de oliva, o con manteca “colorá” para los que no sean vegetarianos. El salmorejo, una crema de tomate y pan que se acompaña de otros ingredientes y que se amalgama con el aceite de oliva cordobés, un líquido excepcional; la mazamorra o el gazpacho blanco de almendras; las berenjenas con miel de caña; los flamenquines, unos rollos de carne de cerdo y jamón que se empanan y fríen; el rabo de toro. Y sin olvidar la parada en uno de los santuarios de la ruta gastronómica cordobesa, el Bar Santos, junto a la Mezquita-Catedral, donde se puede disfrutar de su estupenda tortilla de patatas de dimensiones colosales.

Nadie olvida y todos añoran volver

A cuatrocientos kilómetros de Madrid, en el camino que lleva a Sevilla, Córdoba enamora por su belleza, por lo que evoca, por lo que acaricia los sentidos en forma de sabores, aromas y vistas. Y es un lugar al que siempre se desea volver y se vuelve, sin necesidad de lanzar ninguna moneda a ninguna de sus fuentes o albercas. Porque Córdoba, España permanece en la retina y en la memoria emocional para siempre.

Ingredientes de los diferentes platos mencionados en el texto:

  • Salmorejo: Tomates, aceite de oliva, pan blanco, ajo, y sal. Para la guarnición, jamón, y huevo cocido.
  • Mazamorra: Almendras, pan blanco, aceite de oliva, vinagre, ajo, y sal. 
  • Berenjenas con miel de caña: berenjenas, harina, miel de caña, aceite de girasol, agua con gas, y sal.
  • Flamenquín: Lomo de cerdo, jamón ibérico con tocino, huevo batido, pan rallado, y aceite de oliva.
  • Tortilla de patatas: Patatas, huevos, aceite de oliva, y sal.
  • Rabo de toro: Rabo de toro, cebollas, zanahorias, tomates, ajos, pimienta negra, clavo, azafrán, aceite de oliva, vino amontillado, agua, y sal.

por Enrique Cañas Laut

One thought on “Córdoba, España: El Collar De La Paloma

  1. Este es un poema para una de mis ciudades preferidas, Enrique. Espero leer más de sus artículos para Dreams Abroad. Felicidades por su excelente debut.

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